miércoles, 20 de enero de 2016

Incendio de un vertedero, karma colectivo

Existe una íntima relación entre lo que químicamente conformamos los seres humanos, en conjunto con todos los seres animados e inanimados del reino de la naturaleza, el planeta en su totalidad, y los gigantescos mandalas expandiéndose fuera de nuestra atmósfera. Vale decir, los elementos químicos que integran las estrellas corresponden a los mismos que tenemos nosotros en los huesos. Ante tamaña aseveración, expuesta cruzadamente por autores especializados tanto en espiritualidad como en ciencia y tecnología, observamos a simple ojo una seria desarmonía entre las fuerzas cósmicas desencadenadas allá arriba y los movimientos bio - económicos humanos, acá abajo. 

Sigamos, en ciertas esquinas vemos televisores apagados, refrigeradores desenchufados, sillones en todas sus formas, sin personas haciendo uso de ellos. Tampoco los encontramos necesariamente en el escaparate de algún negocio al menudeo, sino más bien literalmente instalados en la calle como un hito más de la escena urbana. Ya en la costumbre de ver como estos artefactos culminan su vida útil y fluyen al camión recolector, seguimos programados mentalmente con la imposición ideológica acerca de los aparatos ya no son como antes, que todo lo ofrecido en tiendas con relucido envoltorio, es y será basura en el corto mediano o largo plazo. Igual situación sucede con el plástico suelto arrojado al barrido del viento; tarde o temprano  abundará en los océanos, intervendrá ciclos y redirigirá los procesos vitales hacia una destrucción que esforzadamente puede ser evitable. 

Necesitamos la misma lucidez que hemos tenido para lograr este estado de progreso y desarrollo, representado en altos edificios por ejemplo, para entender que el aire que actualmente estamos respirando en estos días en la ciudad de Santiago, corresponde en parte a lo que nosotros mismos hemos comprado, usado y derrochado. El humo tóxico derivado del incendio en el vertedero Santa Marta es el producto de nuestro arte de ser santiaguino. Sin embargo suman y siguen los  reclamos y enrostramos a las autoridades su reducida maniobra de abordar la solución del problema  pese a que todos somos en porcentaje, diferenciado por capacidad de consumo, responsables de este gran basurero en llamas, felizmente en retroceso gracias a la altruista labor bomberil en conjunto con otras instancias. Del mismo modo sucede en los meses de invierno cuando somos expuestos a  las emisiones de gas de los escapes de nuestros automóviles, así somos  lo que somos, el producto de nuestro propio modo de ser. Por lo tanto si en nuestras narices se concentran partículas que otrora fueron envases con eslóganes publicitarios impresos en  botellas de bebidas, en envases de shampoo, en cajas de leche, o comida que desaprovechamos y que embolsada botamos podrida; o pañales de nuestros bebés y nuestros abuelos; o neumáticos de nuestros automóviles, o de nuestras 4x4 maravillosas que circulan por las carreteras; o recipientes de vidrio que conservaron los licores con los cuales nos emborrachamos para sentirnos héroes y poderosos copuladores; nosotros mismos somos los responsables de todo aquello, y por ende, de las autoridades, que lo han permitido por años, sabiendo de las consecuencias que implica ocultación de lo inservible mediante sistema de vertedero y no impulsar una política nacional de reciclaje. 

El producto de la obsolescencia programada, la estamos respirando como si estuviéramos sufriendo una leve condena que a largo plazo impactará sobre nuestra salud. La práctica de lo desechable a bajo costo, nos resultará caro cuando el devenir se encargue de entregarnos la factura y no tendremos como saldar tan significativa deuda para con nosotros mismos y por consecuencia, con el servicio hospitalario. Andaremos morosos por la vida gracias a una industria cuya irresponsabilidad social ambiental, la hemos legitimado cada vez que adquirimos sus productos entendiendo que prontamente serán devaluados y tirados al interior de una bolsa. Los fantasmas de todos estos trastos viejos que dejamos a disposición de los servicios de aseo municipales, han regresado para instalarse nuevamente en nuestros organismos haciendo detritos con nuestro sistema inmune. Entonces como químicamente somos parte de las estrellas, socialmente somos parte de la basura. 

La complejidad en el tratamiento de la basura y su reciclaje implica ingenio en revertir lo residuos y hacerlos materia de nuevos usos. Existen numerosas iniciativas a nivel individual, comunitario, municipal  para abordar este desafío. El municipio de La Pintana es líder reciclando su basura, sin embargo hoy, sus habitantes son víctimas del gran humo que se expande sobre la zona sur de la ciudad. Karma en sánscrito, idioma de la India ancestral, significa acción. Esto quiere decir que toda acción involucra una consecuencia, un resultado obtenido, un valor recibido. Nuestro karma hoy como ciudadanos de esta mega urbe es la contaminación por nuestras prácticas individuales e institucionales, todos metidos en el mismo saco, al igual que la basura que botamos sin la aplicación del concepto: "separación de origen", que no es más que evacuar los residuos seleccionados previamente y redirigidos a distintas zonas de reutilización:  Reciclaje en buen chileno. Buen karma entonces  significará además a volver a pensar en una industria de bienes y servicios, creadora de bienes perdurables de tan valioso valor que podrían ser heredados. De esta forma entraremos en un espiral de buenas obras donde, como miembros de la comunidad chilensis, estaremos en paz recibiendo los dones de esta fértil provincia.   

lunes, 11 de enero de 2016

Sobre laberintos, petardos y abrazos a los seres queridos

En los noticieros lo importante son los muertos, ellos son lo primordial, luego vienen los machucados, los que luchan, los que reclaman, los quejumbrosos, el fútbol, las guerras internacionales, las eternas  alimañas libres de sanción y culpas por sus fechorías cometidas, y después, en la cola, gracias al parpadeo de un editor, los que activan el entendimiento humano en favor de la felicidad para todos y con todos.

Los que a continuación seguimos tras los que ya son polvo en el cosmos, armamos una  dinámica por la subsistencia que  nos ha llevado a ser lo que somos: piezas de ajedrez (en cualquiera de sus jerarquías), o dados lanzados al azar, o soldaditos de plomo frente a la lucha por el pan. Menuda desesperanza nos surge cuando no llegamos a convicción por lograr el destino apacible por el cual hemos estado yendo de un lugar a otro y en respuesta escuchamos bocinas apurando nuestro paso.  

Mientras tanto, en esta sustancia de ambigüedades y vendas sobre nuestros ojos, somos albañiles sumados a la construcción del laberinto, aportando con los mejores años de nuestras existencias. Toda la etapa de madurez, desde la universidad hasta la jubilación, nuestras facultades intelectuales, nuestras horas hombre - (mujer) están supeditadas a ser las abejas obreras de un tinglado que pide más y más en favor de sí mismo.
Y con la cara llena de risa vendemos al mejor postor nuestro talento, ofrecemos tiempo y  voluntad por pertenecer a una comunidad persiguiendo satisfacer la condición material legítima, la cual nos permite ser y existir en la dimensión de nuestros cinco sentidos. Entonces andamos tristes por la vida, cabizbajos, reclamando que el chancho está mal pelado y se viene un largo etcétera y como respuesta veo que es necesario apagar pantallas y salir de nosotros mismos, con el objetivo de decidir perderse en las callejuelas de una obra constructora que bloqueará el entusiasmo y nos alejará de quienes disfrutan la vida porque saben decidir y atenerse a sus decisiones.  

Teniendo en cuenta sobre estas personas satisfechas y felices que circulan y se encuentran en cada oportunidad, es importante entenderse sumados a ellas mediante  un trabajo que permita estrechar vínculos. Conocernos para salir del laberinto que desde nuestro nacimiento hasta nuestra edad adulta nos encontramos recorriendo en pasajes,  callejones oscuros,  ángulos que nos exigen decidir, sin información que contribuya a saber, si los pasos dados son  correctos o no. Viendo a estas personas, realizadas en sus proyectos y sentidos, saliendo de sus propios laberintos como ovnis saliendo y entrando de volcanes en erupción, podemos entrar en conciencia de ser felices en forma simple.

Estamos llegando al fin de otro ciclo, a lo lejos se preparan los petardos, las pantallas siguen multiplicadas en nuestros ojos, igualmente las responsabilidades son relojes despertadores, de esos con campanillas, que avisan el tic tac preciso en que uno debe despertar para ingresar al laberinto sabiendo que al regreso, sólo tendremos cansancio y  capacidad de escuchar y ver  noticieros,  que luego de los muertos de rigor, ofrecerán relojes despertadores en sus anuncios comerciales.  

¿Cómo salir del laberinto si nos gusta tanto participar en su construcción?. Nos encanta decirles al mundo de lo cansados que estamos por trabajar tanto. En nosotros subsiste lo mejor y lo peor en una lucha fratricida  donde no se sabe con certeza quién es el verdadero ganador, sólo quedan decisiones tomadas, palabras soltadas al viento, promesas por cumplir, llamadas telefónicas que devolver.  Dónde estará la vida en todo esto, precisamente en  descubrir lo inferior en lo superior y viceversa, algunos chinos lo tuvieron claro hace miles de años atrás al implementar  el yin yang como brújula para poder orientarse en las infinitas direcciones que arroja el laberinto cada vez que uno avanza.

Descubrir las situaciones destructoras personales, las células funcionando al revés, antes de vernos en situaciones cruciales que determinarán las condiciones materiales de existencia futuras, puede conducirnos a un sano entendimiento, una salida beneficiosa sin embargo condicional de este enredo a los que hemos sido llamados a construir, sin importar mucho si fue con o sin  nuestra voluntad.  

¿Qué herramienta filosófica tenemos para saber quienes somos? ¿ Serán nuestras carreras profesionales, nuestros oficios secretos, nuestros hobbies, nuestras antiguas militancias, nuestros círculos  amados?.  Quizás sólo nos quede el amor a la naturaleza; regimentada por desiertos , montañas y mares podrá darnos una señal, un color con el cual pintar el mandala de nuestros caminos. Al salir durante estos días, rompiendo la cadena de producción a la que estamos habituados, para reencontrarnos con nuestros seres amados, saludar y abrazar a los amigos que por las mismas circunstancias están lejos y que ahora, por motivo de estas festividades pueden estar cerca, podremos  permitirnos revelar la foto que hay detrás de los fuegos artificiales.

¿A quemar lo antiguo que se viene lo nuevo? Vamos paso a paso, primero afrontemos el laberinto antes que el laberinto  siga sujetando del cuello lo más prístino de nuestras intenciones para con la vida que hemos querido vivir y nos ofrezca un minotauro, un ser degenerado y ávido de engullir lo que tanto atesoramos por un lado y desperdiciamos con olvido por otro: nuestros sueños.

Una persona conocida hombre público de relevancia planetaria, se encuentra en su departamento gigante luminoso; paredes blancas, luz ambient...