domingo, 29 de septiembre de 2019

Cura Aldunate

La única vez que compartí con él fue en una ocasión en que regresaba de la Ulare a mi casa caminando por Barroso hacia la Alameda de las Delicias. 92, 93 creo. Lo vi parado esperando micro. Me acerqué a él, me presenté, le agradecí todas sus marchas, sus rezos y sus denuncias en favor de las víctimas. No me pescó. Seguí hablándole así como magnetizado hacia su persona. Medio en serio, medio en broma le comenté sobre el infierno para Pinochet y Contreras, él secamente me contestó que quienes necesitaban irse a ese lugar eran los de la Suprema, pues ellos eran hombres que se habían desviado de su misión acá en la tierra y bla bla bla. En eso llegó su micro, una liebre que era como un cajón chico repleta de gente con dirección a la población Los Nogales. -Acá te vas a reír de mi-  El cura se subió y yo lo seguí subiéndome también. Entonces comenzó a sospechar de mi. Le comencé hablar de Mariano Puga y la Villa Francia, tampocó me pescó. La liebre siguió hacia Estación Central bajando y virando hacia General Velasquéz al sur. Había un tremendo silencio entre él y yo y los prensados pasajeros. Estaba muy incómodo. Le hablaba de la dictadura, pero el señor ya estaba chato conmigo, con la gente, los bultos, la micro que doblaba pa un lado,.pa otro, la gente subiendo, bajando, el chofer cortando boletos, haciéndo sonar las monedas, manejando a ratos; entonces repentinamente se bajó como huyendo. Yo quedé arriba viéndolo caminar con su bolso escolar de cuero y perderse. Pucha dije a mis adentros, me creyó sapo el cura, que lata. La micro avanzó unas cuadras. Me bajé, era de noche y estaba en medio de una pobla que solo conocía de nombre. Así que me hice el valiente, respiré hondo y me busqué locomoción en la próxima esquina. Igual recuerdo haber caminado por una calle donde habían grandes árboles que se movían en la noche.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Vestigio tras vestigio algo queda de lo que fuimos y que ya no seremos.

Querer superar a la naturaleza nos ha escondido dentro de estos exoesqueletos, nos ha esclavizado al interior de los ruidos. A cambio, en un hecho con precedentes, a escogido a sólo algunos ejemplares para su sacrificio. Otros nos hemos liberado a costa de muchas muertes y resurrecciones. Algunos en solo un par de días han sufrido la experiencia de hacerse cargo de sus reencarnaciones, y al final del día, han quedado con algunas monedas en los bolsillos. Los campos han roto su enigma, los saberes se han ido entre las ventiscas y los animales carroñeros. Al mismo tiempo, nosotros tenemos la reunión a las diecinueve quince. Toda la pérdida de conocimiento, será transmutada por esta nueva sensibilidad, sin embargo más de alguna podrá salir renovada de toda esta parafernalia. Los armatostes han sucumbido, han quedado a merced del óxido. Sus conductores han perdido la visión y la mente merodea los territorios en busca de sus iguales mediante ejercicios respiratorios. Al final de la jornada son la presa fácil de todo engendro tildado de cazador furtivo sin registro.

Ahora vestido de civil solo queda mezclarse con algunos asistentes a la iglesia local. La catástrofe, si bien ha comenzado, ya está próxima a terminar. Ahora solo nos queda perdernos más y más en las exhalaciones de las multitudes.

sábado, 14 de septiembre de 2019

Pana de Motor

Chorrea aceite. Batería al costo y muere. Ampolletas vacías. Neumáticos desinflados. Cuento corto, estoy tirado en la berma. Queda expuesto a la intemperie , muere al polvoy me enfrenta caminando mientras arriba se determina el anochecer. Estoy caminando con el chaleco reflectante puesto. Pido aventón a quienes cruzan la carretera en esa hora. Piedra sobre piedra, evado las botellas lanzadas. Busco colillas de cigarro. Pido ayuda. Hago dedo. Un camión se detiene, corro a subirme a la cabina. El chofér me mira. me pregunta si soy el del auto blanco tirado más atrás. Lo miro y se ríe. Me deja en una gasolinera. Entro al restaurante, no hay nadie. Pido una grúa, paso la tarjeta. La pantalla dice aprobado. Pregunto por un lugar para dormir. paso la tarjeta, la pantalla me dice aprobado. Ya estoy tirado en la cama, me saco los zapatos. Afuera comienza a silbar entre los árboles un viento que viene desde una piedras gigantes. Ahora llueve con agua que viene de un bosque lejano. Ahora no llueve. Hace calor y hace frío, tengo hambre y no sé que beber: Tengo ganas de dormir, pero no tengo sueño. Pienso en el auto tirado, cuando partió en la mañana estaba bueno, ahora está malo. Escucho un avión cruzando el eterno retorno hacia la órbita. Todo lo veo en contra, sin embargo, ayer estuve allá, hoy aquí, mañana llegaré a destino. Veo como arrastran mi auto. Lo estacionan en el taller aledaño a la gasolinera. Veré que dice el señor de la grúa. Me habla, no entiendo, sigue hablando, mi no entender. Saco nuevamente la tarjeta, ahora lo entiendo todo. Me voy al hotel. En la habitación tirado en la cama aplico botones canales de tv van y vienen, disparos van y vienen, los malos, en realidad son los buenos. Apreto botón rojo. Procuro dormir un poco más, sin embargo ya estoy en la ducha ya estoy vestido ya voy por el desayuno voy hacia la puerta se cierra la puerta. Le doy la mano al señor de la grúa que hizo lo que pudo para hacer encender el tocomocho. Le doy las gracias cierro la puerta acelero vuelvo a la ruta llego a tiempo.

Una persona conocida hombre público de relevancia planetaria, se encuentra en su departamento gigante luminoso; paredes blancas, luz ambient...