lunes, 16 de julio de 2018

Un señor vendió sus ropas para comprar un ataud.

Los pocos dientes que le quedan, muerden un mendrugo de avena, ya no puede digerir, se los da a las palomas. Camina entre espejos hasta verse exhausto y desnudo, se sienta en un banco, frente a él pasa un cortejo. Son sus familiares y amigos. Les grita: ¡Aquí estoy! ¿A quien llevan? ¡Ese féretro es mío!

Los deudos no lo reconocen, mientras él, aún en conciencia, va observando en ojos blancos cada lágrima de los suyos. Decide partir, el fuego lo recibe, es polvo en suspensión sobre gente vestida con sus otroras vestimentas. 

¿Qué es el orden?

Ordena tu pieza, ordena tu biblioteca, ordena tus papeles, ordena tus archivos, ordena tu automóvil, ordena tu escritorio, ordena tus herramientas, ordena tus plantas, ordena tu cabello, ordena en general, tu vida; ordena tu plata, ordena el significado y el significante, ordena el uno, ordena el otro, ordena el antes, ordena el después. 

La necesidad de orden viene de los impuestos, viene desde una autoridad que impone las reglas por las cuales uno debe conducirse. El cumplimiento de las reglas, conduce a la felicidad, conduce a tener las circunstancias de la vida bajo control. Pero no hay nada más allá del caos imperante en todo orden de cosas. Tal como es el día con su consecuente noche, la vida humana involucra tarde o temprano la muerte. Nadie está totalmente vivo, nadie está totalmente muerto. El absoluto del orden en el caos, es sólo una aspiración. Todo es un revoltijo de circunstancias que en su mejor momento, cuando la música se impone, logra cierta armonía, luego viene el desastre y la joda. En esa agua navegamos, lo absoluto uniforme se desangra en una tormenta que pronto nos llevará a una playa para coger un respiro, luego vendrá una serpiente desde las olas, y chocará contra una serpiente que viene desde los árboles. Nosotros en medio perseverando en erigir y saludar nuestra bandera. 

La llanura de las decisiones


Los tesoros se valoran cuando se quedan atrapados en el tiempo transcurrido, cuando las puertas de acceso a ellos, han quedado lacradas bajo el sello (empujón ¡pa'fuera! ) del  porvenir. 


Todo es instante, sujeto a ser superado por quienes usamos las escaleras para bajar o subir el ritmo de las decisiones. Nada que ver con lo perenne, todo que ver con lo efimero. Nuestro andar significa nacer y resucitar a cada rato, es quizá la única manera de saber que estamos vivos. Estamos solos en estas vidas, en extremo solitarios cabalgando con los ojos vendados sobre la llanura de las desiciones, confiando unicamente en nuestro olfato y en lo aprendido respecto a los errores, los desamores y los terremotos.

Pese a encontramos en medio de la risa, divirtiéndonos con la vida que hemos logrado vivir ya de adultos, entramos a adivinar quienes somos cuando en medio de la conversación  notamos sólo trabalenguas llegando a nuestros oídos. Entonces nuestros interlocutores se convierten en acertijos y en la periodicidad del trato que se tiene con ellos, algo podemos entender de lo que su mensaje quiere de nosotros. Probablemente nuestra humanidad dé rastros de buena calidad cuando en la tolerancia hacia el otro, logre el aspecto de un ser aspiracional que busca la comprensión total para con los seres humanos.

Imbuidos de personajes nuestra personalidad entra a interactuar con los demás para obtener algo que nos satisfaga el hambre de entender lo que pasa cuando estamos logrando cierta unidad de pensamiento en nuestra perspectiva, o con el fin de encontrar una merienda justa al equilibrio. Mantener el silencio es otra forma de contener el poder que subyace en el fuero interno.

¿La capacidad de disentir, puede morigerarse cuando uno se encuentra sumido en el silencio de un sepulcro o un templo? ¿Quién puede, desarrollando su verdad, exponer su visión, que implique aportar al giro terrestre luz para un lado u otro, según las horas caídas.? La pregunta nos tiene con la respuesta a medias. porque si nos atrevemos a responder de buenas a primera, y soltamos todo lo que sabemos, quedaremos en total y absoluta oscuridad. ¿Volverá la venda a cubrir nuestra gran mente?. Por lo tanto debemos cuidar la palabra hasta estar convencidos que lo que está frente a nosotros, podrá constituir el tránsito hacia nuestro bienestar. Pueden llamarlo búsqueda espiritual, viaje iniciático, etc. Yo lo llamo simplemente un día más de trabajo hombre libre. Porque si produce felicidad, produce libertad.
La flor se encuentra en pleno amarillo para que el insecto sepa fertilizarla.


El camino y las piedras

De madrugada salgo a caminar con mis sandalias sobre piedras esparcidas. Voy a buscar trabajo. Voy a indagar en lo tangible para dar brillo a las horas. Voy a comunicar el sensible renacimiento del hombre propio dormido dentro de la piedra. A mediodía  me logro en mis sandalias gastadas, mis pies heridos, mis manos con guijarros entre los dedos. En mi mente la vigilia. En mi estómago la energía. En el entrecejo el diamante recién extraído. Soy en mis sandalias, el hombre que logra y descubre su oro.

Soy el caminante al atardecer. Buscador de trabajo en medio de las piedras dormidas. Golpeo mazo y cincel un rato. Permanezco en silencio otro. En el desbaste, mi pálpito se conecta al mineral. En mis ojos, el sol muere entre las ramas de unos acacios silvestres. Decido regresar, la luz de medianoche me permite conciliar el sueño, entro en otro viaje, me veo inserto en el filón.

Salgo a caminar porque en el andar está la cantera horadada.  Salgo a caminar porque despierto del pétreo sueño donde me observo brotar.

Una persona conocida hombre público de relevancia planetaria, se encuentra en su departamento gigante luminoso; paredes blancas, luz ambient...