viernes, 21 de octubre de 2022

Las enseñanzas del árbol en el ejercicio de la tolerancia para una sociedad en crisis.

Si tuviéramos un dron que subiera al cielo para observar con su cámara los acontecimientos que suceden en todas las comunidades dispersas en nuestra geografía, podríamos aseverar que ninguna escapa a la crisis humanitaria que vive el mundo. Sumando además el estado de ánimo volátil por parte de la ciudadanía que descarga emociones en las redes sociales y el golpe pandémico del covid, nos damos cuenta, parafraseando a Neruda que,”nosotros los de entonces ya no somos los mismos”. Ninguna persona puede sentirse libre de las transformaciones que se han sufrido tanto en las ciudades grandes como en los pueblos pequeños porque todas ellas tienen el sello de la escasez, la incertidumbre y lamentablemente el miedo. Los clamores hacia la autoridades centrales y locales, desde todos los vecindarios, por mayor ejercicio de la coerción estatal en los asuntos públicos, especialmente el de la seguridad, copan la agenda y avasallan los programas y los proyectos de largo plazo. Sin embargo, debemos con urgencia hacer un alto para la reflexión y analizar lo que nos sucede como integrantes de una sociedad, de la cual no nos podemos escindir. Siendo individuos estamos aislados en automóviles, conectados a pantallas o encerrados en cuatro paredes, así resulta fácil echarle la culpa a los demás y deslindar responsabilidades respecto a nuestro inexcusable rol como agentes benéficos hacia nuestros entornos. Las hostilidades son moneda corriente en las calles, en el tránsito, en los conjuntos residenciales, en los trabajos, y especialmente, en el ejercicio de la política por parte de nuestras autoridades y representantes. Experimentamos en la cotidianeidad el urgente llamado a la paz y la tranquilidad, pero no vemos solución. Sólo vemos los choques de autos casi como choques de civilización, y todo a partir de un bocinazo. Por lo mismo es urgente una actitud de tolerancia. Desconectarnos del egoísmo para conectarnos en la solidaridad. Y urgente al mismo tiempo desarrollar el poder personal y comunitario de esta fuerza valórica para resistir y neutralizar la violencia que insiste en instalarse en el modus vivendi del país ¿Cómo materializar esta buena intención? Posiblemente atendiendo los ritmos de la naturaleza, especialmente en lo concerniente a la adaptabilidad y resiliencia, así logran las especies su continuidad en el tiempo, incluso cuando se ven sometidas a invasiones y plagas. En los árboles y su crecimiento vemos una docencia y una metáfora para explicar lo que vivimos hoy en día. Un árbol fuerte e inmenso, que florece y da frutos, es hogar para pájaros, insectos, reptiles y colmenas. Constituye una señal de férrea voluntad por crecer en convivencia respecto a su alrededor. De todas las especies obtiene colaboración y complementariedad. Aprovecha el sol cuando hay, consigue la lluvia cuando cae, obtiene la savia de los minerales con sus raíces y es flexible cuando se presenta el viento. He aquí una sabiduría que podemos aprender y aplicar. Si nos respetamos, y nos toleramos, podremos sortear la crisis de mejor manera, trascendiendo el sufrimiento que nos convoca a diario las inequidades provocadas por el sistema o el caos imperante por las disruptivas variables que se presentan en la vida moderna. Requerimos implementar una capacidad colaborativa donde la tolerancia, como nutriente esencial para la vida, puede otorgarnos la cualidad de coexistir benignamente en el ecosistema ciudadano en que nos ha tocado florecer.

martes, 6 de septiembre de 2022

Almorzando en el bosque

De Cristian C.  supe cuando estaba en el vientre de su madre, la esposa de mi profesor de química en el liceo José Miguel de la Barra en Valparaíso, eso ya hace 25 años.  En aquella ocasión los visité en su casa para una merienda, luego de una jornada de estudios previo a los exámenes. El profe gentilmente me invitó junto a otros compañeros, entre ellos Vergara, al taller de reforzamiento.  Años después el mismo Vergara me contó que se trasladaron a Santiago cuando Cristian ingresó a la Universidad de Chile para estudiar ingeniería. Su apellido me resultó conocido en los titulares de los noticiarios donde figuraba como extraviado.  Lo asocié al profesor inmediatamente y a aquella tarde.  Al llegar los equipos de rescate lo encontraron solo, sin su compañero de ruta, con una torcedura que le impidió descender, por lo mismo tuvo que pasar días en el bosque, solo y a la intemperie.  Inconsciente, pero con signos vitales dieron esperanza a los paramédicos. Había sobrevivido, pese a que cuando lo descubrieron ya no tenía nada que comer, pero pudo alimentarse previamente porque se había comido a su perro.

lunes, 27 de junio de 2022

Gracias por el saludo y el no saludo.

Si a uno le aparece un no, quiere decir que por algún lado saldrá un sí; en tanto si uno se encuentra con un si quiere decir que tarde o temprano puede aparecer un no.; en principio fin, la vida, como en a montañas rusas hay que ir bien afirmado al carrito y con el cinturón de seguridad bien puesto. 

Opción de vida

 Gracias por escoger el azar. La belleza viene en camino.

sábado, 18 de junio de 2022

Pasando y pasando

 A la vista un campo de flores amarillas que se extiende hasta el horizonte, precioso y prístino bajo un cielo azul sin nubes ni sol. A lo lejos casi en forma ínfima se observa una cadena montañosa. Aparecen las sacerdotisas, las encargadas de cultivar esas flores. Algunas se dejan ver, otras se esconden al interior del follaje. Todas descalzas se mueven y cuidan su parcela. Entonces aparecen las naves espaciales, que son unos gigantescos zeppelines donde viajan millones de personas. De ellas bajan unos astronautas los cuales sus cascos  no se los sacan, no se ven sus rostros. Tampoco se atreven a descender del último escalón porque dicen que si tocan lo terrestre entrarán en contacto con una formidable fuerza geomagnética que los convertirá en monstruos. Las mujeres se les acercan y hacen pequeños intercambios de alhajas y plantas. Pasando y pasando. La líder pide comunicarse con el jefe. Ahí aparece el alfa de la expedición. Ella le pide ayuda, que por favor hagan algo para sacar a sus hombres de las cavernas. Y le señala hacia el interior de una gigantesca gruta donde se ven fábricas, guerras y autopistas serpenteantes donde éstos  recorren en  autos que compiten y chocan. El astronauta ve a uno y le pide salir desde donde está. Al llamado éste sale inmediatamente; con su semidesnudez  corre  abrazar al viajero cósmico; el encuentro, crea un vórtice de energía tremendo que mueve a ambas personalidades a unirse en una trenza que sube hasta el cielo donde hay rayos y tormentas y baja profundo hacia el interior de la tierra, donde yacen los minerales. El astronauta le dice: Ahora puedes subir, pero pocos de ustedes podrán llegar hacia donde están las tormentas porque es sólo para quienes están preparados. A su vez el cavernícola le responde: Ahora pueden descender, ahora se pueden hacer humanos.


lunes, 13 de junio de 2022

Valle Central

 Buen día Gente Querida, amaneciendo en estos parajes, entre las malezas, busco iniciarme en el silencio del bosque. Protegido por las abejas en el día y las polillas en la noche, logro llegar al Gran Árbol, quien me otorga el fruto, lo guardo en mi bolso junto a las hierbas recolectadas; lo abrazo, le agradezco y lo visito en todos sus anillos. Me despido y desaparezco entre los matorrales, más allá aparece Santiago con sus brumas y sus apurados habitantes, entre los cuales me cuento hasta el final de la jornada. Las puertas del metro se abren y se cierran.

Una persona conocida hombre público de relevancia planetaria, se encuentra en su departamento gigante luminoso; paredes blancas, luz ambient...