viernes, 24 de agosto de 2018

Centro de llamadas

Hoy es lunes debo hacer llamadas, ordenar los papeles, también escribir detalles, datos; insisto en perfeccionar las llamadas telefónicas a los nuevos clientes; recibo silencio. Importante respirar suspirar volver a llamar a quienes me colgaron el fono, los dejaré en paz un tiempo, luego volveré a la carga. Me gustaría salir de aquí para alimentar perros vagos que circundan la propiedad; vacunarlos y adivinarles su nombre. Llamo a otros, me cuelgan, recibo improperios. Cuelgo, estoy colgado. Sigo llamando. Sigo colgado. Debo saber quién soy y para dónde voy. Sigo llamando. Sigo colgado, recibo improperios. Marco de nuevo, me escuchan.

Se salva

Este hombre tiene poderes sobrenaturales por lo mismo se mantiene en silencio ante los fantasmas de su mente. Los suyos lo tratan como artista cuando sólo se está ganando la vida jugando en las máquinas tragamonedas.

lunes, 13 de agosto de 2018

Instantes

... la vida es eterna en cinco minutos, la vida es un canasto de frutas recién cosechadas, la vida es eterna cada vez que uno visualiza un aerolito chocar contra la atmòsfera terrestre, la vida es eterna cuando uno ve a los seres queridos, ser contactados por canciones y el olor de la carne asada viniendo de la parrilla...
Hay personas cuyas vidas a uno le permiten acceder a la fuente de la eterna juventud.

El camino

Arriba el caldo de cultivo de la luz
Abajo los pies caminan sobre los guijarros.
Arriba están las aves.
Abajo las lagartijas.
Arriba nuestro propósito
Abajo nuestras perseverantes escaleras.

Ciertas palabras, ciertas historias

Ciertas palabras, ciertas historias insisten en multiplicarse en los muros. Se repiten en las mentes, se entrometen en los ojos como clavos martillados al motivo de la gente que se reune y comparte ciertas palabras, ciertas historias.

Mirar

En el hormiguero yendo y viniendo acarreando mercaderías, alguien aprovechó unas alas encontradas a la vera del camino. Decidió entonces buscar otro horizonte, subir y bajar, disfrutar la brisa de la tarde, mirar, mirar, mirar mucho los lugares donde nacen todas las direcciones.

Punto fijo

Esperando los mensajes venidos del alto cielo, quedó varado entre una multitud empujada por el horario. Sin saber dónde ir, insistió en la quietud de una piedra. La muchedumbre lo sorteaba como el curso de un agua sin mayor apuro que su propia gravedad. Quiso abrir sus ojos, pero todos insistieron en que los tuviera cerrados. Todos los presentes avanzando en su derredor, lo cuidaron para que pudiera lentamente transformarse en estatua. Nunca llegó el gran mensaje desde lo de arriba, pero desde lo de abajo todos hicieron el mayor esfuerzo para que no abriera sus ojos, de esa manera lo creyeron un gran despierto, más no vivo. Generación tras generación lo hicieron punto de referencia, más nunca hizo cosa alguna. Solo se mantuvo quieto hasta el día de hoy. De repente, cada cierto tiempo, bandas militares elevan música en su honor.

lunes, 6 de agosto de 2018

Método Rubik para conservar el pelo.

Huyo de una hueste de cazadores de la tribu rival, quieren cortarme el pelo. Voy descamisado corriendo entre el pasto seco. Tomo un caballo. Procuro que galope. Llego a los faldeos del cerro, desmonto, beso al animal en su cuello, éste resopla; comienzo a subir, ahora  escalo. Llego a una caverna, en su interior hay un anciano, me ofrece una pipa fumo me tranquilizo, entre nosotros hay una fogata de distancia. Me entrega un pergamino, lo abro y aparece dibujado un cubo rubik que se materializa en mis manos. Me pregunto, le pregunto qué significa, me dice: - Orden. Lo que necesitas es orden , con el orden vencerás, ahora vete -. Salgo de la caverna y sigo subiendo el peñón. Ataco la cima. Me siento en una roca cuadrada y veo el atardecer. Decido bajar, saludo al anciano en la bajada, le devuelvo el cubo rubik quien lo coloca en el pergamino y lo enrolla para dejarlo entre unas piedras, me sonríe y me hace chao con su mano. Voy al encuentro con mis perseguidores quienes esperan donde dejé a mi corcel; al acercarme, alzo mis manos e irradio una fuerza que, al primer contacto con ellos se convierten en dóciles perros. Voy colocando en sus cabezas billetes de mil pesos, entonces se doblegan más y más sacando sus lenguas; se entregan y desaparecen, desaparezco entre ellos conservando mi cabellera.  

Interior Exterior

Perdí mis llaves y a tientas las busqué en medio de la vorágine de acontecimientos, elucubraciones, tropeles, travesías, intentos por abrir más los ojos; mis dedos dieron con algunas cucarachas en huida. En avanzada oscuridad me encuentro con la puerta cerrada, los candados firmes en su diseño. No puedo salir. En la escala aparecen libros cerrados, más es lo único que puedo abrir sin necesidad del manojo de llaves aún en el desconcierto.

Recorro la habitación, encuentro botellas de perfume vacías, encuentro maceteros con plantas secas, encuentro zapatos, travesías concluidas e inconclusas. Encuentro más libros que se abren pese a toda la noche encima. Mis dedos buscan, tocan, se permiten recorrer y reconocer, encuentran campanas, enchufes, aparatos celulares sin batería; encuentran cuchillos, cucharas, tenedores; encuentran platos rotos.

Las manos configuran un avance cuando va por linterna, pero la que encuentra no tiene pilas. Estoy  en el encierro, sin embargo necesito entrar para salir. Las llaves están dentro, pese a estar encerrado , estoy afuera. Pido que me abran, es la única manera de estar  y ocupar la voz.

Las manos tocan la puerta, los dedos se escudan en un puño.

sábado, 4 de agosto de 2018

Calle arriba, calle abajo

Motociclistas cruzan el empedrado con sus cabelleras al viento mientras sus máquinas meten ruido. Charlan sobre sus destinos en cada parada. Los solitarios nautas se mantienen con sus botas en el pavimento y el ojo fijo en el semáforo. Aceleran y esquivan a mujeres que usan el pavimento para empujar sus carretones con tubérculos para vender. Avanzan y los quiltros salen a su paso. Se detienen para dejar pasar sobre el paso de cebra a los sacerdotes de Francisco, avanzan para desaparecer frente al sol. Los jóvenes todo lo filman, lo registran, lo conectan y lo pierden. Uno de ellos capturó su trayectoria entre los vehículos atrapados en las calles del centro. En el parque, en un banco, sentados unos enamorados charlan se tocan se besan se pegan ambos los miran pasar cierran sus ojos no los ven mas. A lo lejos las campanas del templo, su resonancia se mezcla con la tronadura alargada de los tubos de escapes. Nuevas encrucijadas, semáforos en rojo, verde, amarillo, rojo y las bocinas se hacen para avanzar en una situación donde los  muchos avanzan poco. Los espejos los reflejan esquivando el magma automotriz y logrando avanzar. Van saliendo entre el mosquerío, las palomas, los gatos y los infinitos perros que intentan morder sus ruedas en las inmediaciones del mercado. Los niños lustrabotas, vestidos de overoles oscuros, se mezclan con las jaurías a la caza de zapatos para embetunar. Ellos los ven, ellos no lo ven ya, han desaparecido y ahora corren vidas paralelas donde la probabilidad  de encontrarse siempre es posible. Barrio bancario, edificio de espejos, palomas en el cielo, calles limpias, olor a café. Mujeres cabizbajas calzando ojotas cargan utensilios de limpieza. En perspectiva ellos ya se fueron y todo quedó atrás. 

Hallazgo

El viejo Salinas, el hijo chico del curaca de Pomaire, nos hizo llegar un testimonio sobre unas ruinas que el pudo divisar solo una vez, cuando hizo el servicio militar. A nosotros, nos peinó a lo punki el relato que queríamos escuchar luego de meses de seguirle y de comprarle gran cantidad de cacharros que vendía junto a su señora en cada oportunidad que lo visitábamos. Fue en una mateada cuando nos dio las coordenadas, se percató que éramos los indicados; a los días después nos vio en fila caminando cerro arriba, al llegar cerca del objetivo, él se devolvió con la argucia del negocio que atender. Le dimos las gracias y abrazos y hasta la vista y cuando su espalda desapareció valle abajo, entramos en la cueva. Lo que imaginamos fue superado con carácter de absoluto. Por unos bloques de greda tamaño furgón escolar, llegamos a la cripta y encontramos al amauta, que reposaba en ella  cuyo interior estaba cubierto completamente de miel. Pudimos filmar y hacernos algunos retratos chistosos con la momia. Al salir por el túnel hacia la luz, luego de sortear espinos y litres, y pasándonos rollos con el virus hanta, y la fama, y la directora del museo subiéndonos por fin el sueldo,  las naves en forma de maceteros invertidos con bandera tricolor aparecieron en docenas sobre nuestras chupallas. Cuando teníamos sus focos encima nuestro, lo único que se me ocurrió gritarles fue:
 ¡ Venceremos !

Aprendiz entonces de carpintero decidió unirse al ejército que invadiría Chile cruzando la cordillera hasta Puente Alto como primera avanzada. Los pueblos unidos jamás serán vencidos se gritaban los milicianos los unos a los otros mientras realizaban los preparativos de apertrechamiento, tanto en sus mochilas, como en la maquinaria con la que emprenderían la expedición. 

El buen ánimo del personal en general denotaba un frenesí por la pronta partida, era tanto que en algún momento un camión atiborrado de soldadesca y enseres chocó perpendicular contra un tanque; todos reían en una suerte de embriaguez, más no pasó nada porque el camión pudo hacer marcha atrás y rectificar su camino. Entonces el aprendiz, ataviado a la usanza guerrillera se dispuso a cruzar la frontera de su querida revolución viajando de copiloto en un bus cuyo conductor iba con ojo fijo en la ruta Caracoles. Entonces llegó el momento de entrar en territorio pronto a ser anexado, se penetró sin interferencia ni ruido hasta llegar a la Plaza Italia, pero de toda la comitiva solo pudieron hacerlo ellos, los demás expedicionarios quedaron en el cedazo de la frontera. Prontamente tuvieron que mimetizar el bus de combate para hacerlo pasar desapercibido con los carros de las fuerzas reaccionarias que se movían por el lugar, luego de varias vueltas lograron tomar ruta por Avenida Vicuña Mackenna en dirección al Sur de Santiago, más llegaron hasta la Avenida Bilbao, ahí se estacionaron. Al bajar de la máquina tuvieron encuentro con los pobres esperando a sus salvadores; tirados en el suelo hacían pequeñas fogatas para calentar sus manos y pies. La batalla estaba perdida, solo quedaba regresar para reunirse con la tropa estacionada en el límite y que no había cruzado por algún motivo contrarrevolucionario tal como una buena botella de ron en conjunto con su guitarreo. En procesión, entre los gañanes y extraviados sin educación, el joven en conjunto con el conductor del bus, un señor de edad tan hermético como la piedra, se mezclaron entre quienes iban a ser sus salvados por la gesta, entonces se dio cuenta que iba a ser atrapado por los pordioseros que lo comenzaron acorralar con motivo de despreciar el oficio para el cual había nacido, que era el trabajo de la madera, la extracción del alma prima de los árboles con el fin de hacerla cama y petaca, piso o armario, biblioteca o silla mecedora,  también leña y pulpa para libro, ante los argumentos que lo mezclaban con los sin tierra, decidió abandonar a su acompañante despidiéndose y asegurando paso firme hacia donde estaban las alambradas, al llegar a ese lugar allá se encontró con otros perdidos; amigos desde tiempos de la Jota, a quienes les celebró el encuentro, todos convertidos en ratas huyendo hacia el escondrijo, él el primero de todos haciendo a codazos un lugar dentro del agujero. 

lunes, 16 de julio de 2018

Un señor vendió sus ropas para comprar un ataud.

Los pocos dientes que le quedan, muerden un mendrugo de avena, ya no puede digerir, se los da a las palomas. Camina entre espejos hasta verse exhausto y desnudo, se sienta en un banco, frente a él pasa un cortejo. Son sus familiares y amigos. Les grita: ¡Aquí estoy! ¿A quien llevan? ¡Ese féretro es mío!

Los deudos no lo reconocen, mientras él, aún en conciencia, va observando en ojos blancos cada lágrima de los suyos. Decide partir, el fuego lo recibe, es polvo en suspensión sobre gente vestida con sus otroras vestimentas. 

¿Qué es el orden?

Ordena tu pieza, ordena tu biblioteca, ordena tus papeles, ordena tus archivos, ordena tu automóvil, ordena tu escritorio, ordena tus herramientas, ordena tus plantas, ordena tu cabello, ordena en general, tu vida; ordena tu plata, ordena el significado y el significante, ordena el uno, ordena el otro, ordena el antes, ordena el después. 

La necesidad de orden viene de los impuestos, viene desde una autoridad que impone las reglas por las cuales uno debe conducirse. El cumplimiento de las reglas, conduce a la felicidad, conduce a tener las circunstancias de la vida bajo control. Pero no hay nada más allá del caos imperante en todo orden de cosas. Tal como es el día con su consecuente noche, la vida humana involucra tarde o temprano la muerte. Nadie está totalmente vivo, nadie está totalmente muerto. El absoluto del orden en el caos, es sólo una aspiración. Todo es un revoltijo de circunstancias que en su mejor momento, cuando la música se impone, logra cierta armonía, luego viene el desastre y la joda. En esa agua navegamos, lo absoluto uniforme se desangra en una tormenta que pronto nos llevará a una playa para coger un respiro, luego vendrá una serpiente desde las olas, y chocará contra una serpiente que viene desde los árboles. Nosotros en medio perseverando en erigir y saludar nuestra bandera. 

La llanura de las decisiones


Los tesoros se valoran cuando se quedan atrapados en el tiempo transcurrido, cuando las puertas de acceso a ellos, han quedado lacradas bajo el sello (empujón ¡pa'fuera! ) del  porvenir. 


Todo es instante, sujeto a ser superado por quienes usamos las escaleras para bajar o subir el ritmo de las decisiones. Nada que ver con lo perenne, todo que ver con lo efimero. Nuestro andar significa nacer y resucitar a cada rato, es quizá la única manera de saber que estamos vivos. Estamos solos en estas vidas, en extremo solitarios cabalgando con los ojos vendados sobre la llanura de las desiciones, confiando unicamente en nuestro olfato y en lo aprendido respecto a los errores, los desamores y los terremotos.

Pese a encontramos en medio de la risa, divirtiéndonos con la vida que hemos logrado vivir ya de adultos, entramos a adivinar quienes somos cuando en medio de la conversación  notamos sólo trabalenguas llegando a nuestros oídos. Entonces nuestros interlocutores se convierten en acertijos y en la periodicidad del trato que se tiene con ellos, algo podemos entender de lo que su mensaje quiere de nosotros. Probablemente nuestra humanidad dé rastros de buena calidad cuando en la tolerancia hacia el otro, logre el aspecto de un ser aspiracional que busca la comprensión total para con los seres humanos.

Imbuidos de personajes nuestra personalidad entra a interactuar con los demás para obtener algo que nos satisfaga el hambre de entender lo que pasa cuando estamos logrando cierta unidad de pensamiento en nuestra perspectiva, o con el fin de encontrar una merienda justa al equilibrio. Mantener el silencio es otra forma de contener el poder que subyace en el fuero interno.

¿La capacidad de disentir, puede morigerarse cuando uno se encuentra sumido en el silencio de un sepulcro o un templo? ¿Quién puede, desarrollando su verdad, exponer su visión, que implique aportar al giro terrestre luz para un lado u otro, según las horas caídas.? La pregunta nos tiene con la respuesta a medias. porque si nos atrevemos a responder de buenas a primera, y soltamos todo lo que sabemos, quedaremos en total y absoluta oscuridad. ¿Volverá la venda a cubrir nuestra gran mente?. Por lo tanto debemos cuidar la palabra hasta estar convencidos que lo que está frente a nosotros, podrá constituir el tránsito hacia nuestro bienestar. Pueden llamarlo búsqueda espiritual, viaje iniciático, etc. Yo lo llamo simplemente un día más de trabajo hombre libre. Porque si produce felicidad, produce libertad.
La flor se encuentra en pleno amarillo para que el insecto sepa fertilizarla.


El camino y las piedras

De madrugada salgo a caminar con mis sandalias sobre piedras esparcidas. Voy a buscar trabajo. Voy a indagar en lo tangible para dar brillo a las horas. Voy a comunicar el sensible renacimiento del hombre propio dormido dentro de la piedra. A mediodía  me logro en mis sandalias gastadas, mis pies heridos, mis manos con guijarros entre los dedos. En mi mente la vigilia. En mi estómago la energía. En el entrecejo el diamante recién extraído. Soy en mis sandalias, el hombre que logra y descubre su oro.

Soy el caminante al atardecer. Buscador de trabajo en medio de las piedras dormidas. Golpeo mazo y cincel un rato. Permanezco en silencio otro. En el desbaste, mi pálpito se conecta al mineral. En mis ojos, el sol muere entre las ramas de unos acacios silvestres. Decido regresar, la luz de medianoche me permite conciliar el sueño, entro en otro viaje, me veo inserto en el filón.

Salgo a caminar porque en el andar está la cantera horadada.  Salgo a caminar porque despierto del pétreo sueño donde me observo brotar.

martes, 23 de enero de 2018

Nadie está libre de ese beso.

La formalidad en el vestir ya no resulta exigencia para muchas ceremonias, incluyendo aquella donde el protagonista sea una persona muerta en víspera de ser inhumada.

Cuando cayó el siglo XX, los santiaguinos entramos en una creciente espiral de actitudes liberales en el vestir. La necesidad de sentirnos cómodos y flexibles, nos aseguró el ánimo para deshacernos de los pesados escombros de la rigidez que otrora nos vistió y encasilló en acuerdo a pautas muy definidas. Pese a la comercialización tanto hippies como punk contribuyeron en ello considerablemente para romper este estancado lucir. 

El plástico vestido de hoy en día es nada más que una consecuencia de quienes somos, sirve de espejo donde podemos reflejarnos como sociedad y darnos cuenta, (en la medida que nos peinamos y/o maquillamos, nos lavamos los dientes o sacamos la lengua para ver que tan sanos estamos,) que las situaciones sociales que nos toca vivir hoy en día, están determinadas por la flexibilidad y la informalidad. 

La moda del día a día nos ofrece colores diversos cada temporada, independiente al lugar donde vayamos y con quien nos toque reunirnos, incluyendo una cita en el cementerio. En cierta manera nos hemos rebelado de los grises y opacos azules marinos, para abrazar el arcoiris en todos sus matices.

Desde cierto tiempo a hoy nos damos cuenta que ya estamos en una condición muy parecida a lo acuoso, a todo lo que fluye. Esto de la existencia  líquida nos lleva a todos a ser vaciados hacia distintas vasijas. Nada resulta absoluto y se ve  cuando los pactos sociales resultan escurridizos, cuando lo intangible desmorona hasta las más férreas convicciones; no sorprende, en este sentido, que en un cortejo funebre otrora imbuido del profundo luto donde todos los convocados lucían riguroso negro hoy en día se vea carnavelesco, independiente del profundo pesar por la partida del ser querido hacia lugares que los mortales no conocemos. 

Por más que perseveremos en la idea de permanecer con vida,  tarde o temprano la muerte vendrá a besarnos con el beso de la impermanencia. Nuestros cuerpos se los llevará  la madre tierra por el camino de la putrefacción para terminar tal cual vemos las estrellas en el firmamento, solo polvo en el polvo, fragmentos infinitesimales de un tiempo y espacio que no perdurará. Asi los trajes que nos ponemos para primero protegernos ante un medio ambiente inclemente,  segundo, mostrar a la sociedad quienes somos para tercero tirarlo a la basura o en el mejor de los casos, donarlo a alguien de menor jerarquía. Asimismo el cuerpo nos hace humanos, da forma a una energía y una experiencia, se nos irá para nunca más volver.

La moda hoy informal flexible viste a una humanidad liquida, carente de mayor formalidad para permanecer sostenidamente en la dimensión espacio temporal más allá de un brevísimo plazo.

Sólo nos queda entrar en la conciencia de lo que nos permite Ser y fluir en este mundo, lo que denominamos cuerpo. El mismo que observamos cada vez  en el espejo, es sólo ropa de temporada,  pronto a lucirse en una experiencia tan significativa como es nacer o dar vida, que es la muerte.

viernes, 12 de enero de 2018

Entre la tolerancia y el acarreo

Aún recuerdo cuando El Sr. Wojtyla vino a Chile, su imagen permanece con gran nitidez en mi memoria. Verlo casi persona a persona en momentos de su paso en el asiento posterior de un Mercedes Benz negro saludando al pueblo, resulta hasta el día de hoy conmovedor debido a su talante y poderosa personalidad. En aquella ocasión iba con mi mamá y mi hermano; juntos nos encontrábamos en el bandejón central de la Alameda casi al llegar a General Velásquez. Siento aún, hoy día, las manos de mi madre apretando las nuestras en el regocijo de tal abducción. En ese contexto creo haber vivido una experiencia probablemente compartida por centenares de miles de chilenos y chilenas que tuvieron la oportunidad de encontrarse frente a él, y a su aura resplandeciente, cuya cobertura involucraba sus buenos kilómetros.

Jamás he subestimado aquella experiencia, es más, en acuerdo a mis estudios literarios posteriores, he dado más crédito a las inefables cualidades humanas de aquel ser humano aumentándolas y multiplicándolas. En este mismo menester creo posible vivir el mismo sentimiento ante al Sr. Bergoglio si lo veo pasar por alguna calle o avenida y es seguro que apretaría sobrecogido, la mano de mi hijo. Espero así sea.

Aunque, ya con más de cuatro décadas en el lomo y en el corazón, mis reflexiones pueden ser distintas en el sentido de primero, colocarme en el sitial de las otras confesiones religiosas que se disputan la mente de los creyentes; segundo,  preguntarme sobre la no tan subterránea comunidad atea y/o, agnóstica (tan ninguneada socialmente pero no menor en la sumatoria de sus adeptos); y tercero, cuestionar la posición del Estado como representante de todos nosotros, independiente de nuestra condición espiritual y/o de conciencia.

¿Hacia dónde vamos respecto a esta visita ilustre?, ¿Qué rédito obtendremos cuando siga su periplo misionero, más allá de las consecuencias geopóliticas que lo más probable, surjan a partir de su inminente visita?. En fin, el propósito de su llegada, en lo eclesiástico, no es de mi mayor incumbencia debido a que sólo soy un humilde laico que procura ver más allá de su ciudadanía, que su pertenencia a Chile nace para vivirla en un contexto socio cultural librepensador.

Sigamos, los distintos Chiles pastoreados  en estos días por esta cruzada evangelizadora, se verán las caras, saldrán de sus guettos y estarán obligados a darse la paz. Esto si me incumbe, la tan necesaria tolerancia debe hoy ser parte del bien público y no ser iniciativa privada de sólo una confesión religiosa. Es la única manera de poder encarnar el ánimo de la patria en favor de su progreso. Es aquí mediante esta convocatoria que podemos sacar brillo a una voluntad popular multicolor  en favor de trabajar y progresar siendo dueños de nosotros mismos.

En tiempos donde el derecho a ser y estar de la persona humana es limitado por una ideología egoísta y materialista, que busca parcelarnos y aislarnos en distintos formatos y programaciones, resulta de vital trascendencia tener una actitud individual y social tolerante hacia lo religioso y fuerte institucionalmente en lo relativo a la laicidad del Estado.

Entonces, mi pregunta al Sr. Bergoglio es muy distinta a las interrogantes que le formulé al Sr Wojtila cuando vino a Chile en las postrimerias del regimen civico militar con objeto de (según mi teoría) neutralizar el muy probable levantamiento popular que venía bullendo. Y que en cierta manera fueron respondidas satisfactoriamente con los años.

Ahora, no espero mucho de esta segunda luz vaticana. Espero sí, más de la ciudadanía de Chile entero respecto al respeto que nos debemos ante  las crencias que se profesan bajo la esfera de la ley.

Espero de una vez por todas no ser tratado como oveja camino al matadero, ni a la esquila, sino más bien exijo dejarme pastar en el campo travieso, cuidar de los nuestros y enfrentar al lobo en todas sus dimensiones. Es lo que necesitamos como país, respeto y tolerancia por todas las religiones, con un Estado fuerte y respetuoso de su laicidad y recursos.

Debemos seguir trabajando, todos los dias son necesarios para seguir levantando el edificio de Chile, el mismo que nos cobija de las inclemencias de los temporales y terremotos y da espacio para que nuestros poetas puedan propagar la palabra sin apellido, tan necesaria para los habitantes de todos los valles de Chile como las liturgias para quienes adscriben el catolicismo.

Bienvenido entonces Sr. Bergoglio a un país donde las clases de religión en las escuelas publicas y financiadas por el erario público constituyan de una vez por todas,  vestigio del pasado y vergúenza de la historia. Lo mismo para las parroquias castrenses, tedeum,  y demás menudencias que imposibilitan en Chile la exactitud del concepto Separación Iglesia - Estado.

viernes, 5 de enero de 2018

A los choros me los como con limón.

Mi trabajo esencialmente trata de responder preguntas esenciales. Siempre saber por qué? ¿Por qué te miran así? ¿Por qué saludan a veces y otras no? ¿Por qué a la primera te rotean?  ¿Por qué te echan el auto encima? ¿Por qué no respetan el paso de cebra?. ¿Por qué te chispean los dedos?. Y te corren, sin siquiera saber quien eres. ¿Te has sentido vulnerado en tus derechos sabiendo que hasta el momento, has cumplido con todos tus deberes?  Tomas conciencia y te das cuenta que te llevas en eso y hasta el vuelto te lo piden. Pues aquí tengo la solución a todos tus inconvenientes que te imposibilitan experimentar el normal flujo de las buenas costumbres en tu vivir y habitar diario.  La revuelvo harto con este asunto y es hasta encontrar lo que me piden. Tanto así que soy buzo mariscador. Me inicié en el oficio para sondear el fondo de la situación y así encontrar moluscos comestibles. Ellos me hablan y orientan cuando los engullo o los reparto. Te cuento. Mira. Todos los días salgo desde mi cabaña, entre la noche y la madrugada. Tomo el primer bus, me ubico en un asiento y comienzo ataviarme con el equipo hasta finalmente colocarme la escafandra. En la parada que me corresponde me bajo del micro convertido en un completo hombre rana, con gualetas incluidas. Caminando como pato me interno entre la gente, bajo las escaleras del metro. Pido permiso cuando entro a un carro. Doy las gracias. Me aceptan. Algunos ya me conocen, me saludan.  En esta forma comienzo la jornada, así  me interno en los barrios profundos, ahí se concentran los bancos de choros. Estos vivalvos tienen  todas las respuestas, por eso los cotizo, los extraigo y los engullo. Me conocen y cuando me divisan llegando a las esquinas, se encierran en sus conchas. El tiempo me ha prestigiado. Soy el buscador de todas las respuestas, esa es mi actividad laboral. Hasta el momento creo, la verdad esencial de la vida en Chile, está en los choros. Por lo mismo  cuando un ingeniero está pillado con un cálculo y te sube el presupuesto, me llamas y en  mis choros estará la respuesta. Cuando el personal sanitario tiene la cura de deteminada patología, pero no te la quiere dar, me llamas y en mis choros estará la respuesta. Cuando un abogado te habla con trabalenguas, no entiendes, te frustras, entonces en mis choros estará la respuesta. Cuando el profe está resultando barrero, y te mira con ojos raros, ya sabes. Llama ya y en mis choros encontrarás la respuesta. Cuando el psicólogo te mira y no te dice nada luego que has relatado todos tus dramas,  en mis choros estará la respuesta.   Estos moluscos a punta de cuchillo y limón se abren, y cuando ya están engullidos, sueltan toda la verdad y con mi propio oxígeno te ayudaré a encontrar la ecología social de paz , armonía y respeto que todos debemos desarrollar al máximo. El cliente queda siempre satisfecho con lo investigado y asunto resuelto. Por lo general voy a domicilio. No doy tregua en la cosecha, porque en los choros está la respuesta.  A los choros muchas veces hay que sacarlos del canasto.

Una persona conocida hombre público de relevancia planetaria, se encuentra en su departamento gigante luminoso; paredes blancas, luz ambient...